Del tal palo tal trazo o cómo construir un mapa de recuerdos compartidos para crear junto a papá
Aunque el refrán reza “de tal palo, tal astilla”, cuyo origen probable sería la expresión latina Qualis pater, talis filius, que significa «cual el padre, tal el hijo» y que también se encuentra en el Antiguo Testamento para referirse al vínculo materno (Ezequiel 16:44), que menciona «Como la madre, así su hija», lo cierto es que compartimos no solo genética con nuestros ancestros sino también aficiones, recuerdos, comportamientos y por qué no, trazos, ya sean del lápiz o bolígrafo al papel y también pinceladas con historia.
Y para el tercer domingo de cada mes, que celebramos el Día del Padre en Venezuela, los más adultos recordamos cómo nuestro progenitor guio nuestras manos para escribir las primeras palabras que aprendimos, las marcas de los creyones “sin salirnos de la línea” e incluso, ya más grandecitos, ensayamos nuestra primera firma con él.
Y son justamente esos recuerdos compartidos los que se transmiten de generación en generación, a veces sin saberlo. Y pasan de ser historias personales a relatos de un país, de una época, una generación.
Y entonces, para los más pequeños de la casa, en este mes, papá puede tomar la delantera e iniciar un álbum de memorias para construir una celebración única. O si se trata de hijos y adolescentes e incluso mayores, porque este recorrido no tiene limitación de edad, ellos pueden abrir este proceso creativo.
Piedra, papel o tijera
El nombre nos remite a ese juego donde necesitamos decidir quién hará algo o dirimir algún asunto. En este caso, puede ayudarnos a resolver quién comenzará esta especie de mapa del tesoro generacional, pero también a escoger las herramientas básicas. Y entonces podremos decir: ¡lápiz, papel y tijera! E iniciar a construir un collage de recuerdos que dará como resultado una obra creativa única.
Los insumos no se limitan allí: resaltadores, creyones, marcadores, cola escolar, fotocopias de fotos o de textos escritos desde muy niños (como las primeras tarjetas colegiales de felicitación para papá), recuerdos de los abuelos, actos escolares, viajes, etc. Es un acto de creatividad y afecto que refuerza vínculos.
Esta obra de arte tan especial puede traducirse en un mural colectivo elaborado en un pliego de papel bond, Kraft o cartulina; un cuaderno ilustrado (para realizarlo en varias jornadas), un árbol familiar enriquecido con anécdotas, en las que por supuesto estarán también las de mamá, abuelos y abuelas, un collage con recortes, dibujos y frases dibujado a mano o incluso si se quiere, digital. Las posibilidades son muchas y pueden ocupar varias jornadas de este mes.
¿Y cómo empezamos?
Pues por un trabajo colectivo de indagación. Este mapa afectivo y de conocimiento, puede iniciarse con una divertida lluvia de ideas familiar: qué te gustaría saber de tu padre o hijo, el primer amor (y por supuesto, el primer beso), los recuerdos más antiguos, los grandes amigos, lo que se soñaba ser para cuando fuésemos “grandes”, las actividades compartidas más disfrutadas por ambos.
Se pueden anotar todas las preguntas posibles y luego llegar a un consenso sobre las preferidas. Si varios hijos participan en la actividad, será aún más completo el mapa e incluso mamá no puede quedar fuera de la escena, pues ayudará a recordar lo que se puede pasar por alto.
Lugares que cuentan historias
Ya identificados los recuerdos, se puede pasar a los lugares especiales donde ocurrieron muchos de ellos. De allí también surgirán “secretos” que pueden ser compartidos entre padres e hijos. En la vida de muchos, existió un lugar especial donde trazar un corazón con el nombre del primer amor, que pudo haber sido “tallado en la espalda de un árbol”, como reza un verso del poeta colombiano Miguel Méndez Camacho; o dibujado en los muros del colegio y en el caso de los más osados, hasta en paredes de la ciudad en grafitis gigantes.
Será divertido para el niño que papá muestre una foto de colegio, o con los abuelos, la tarjeta de Navidad garabateada del hijo en el preescolar. Seguro contarán con alguna imagen de un momento compartido en una playa, un río, una fiesta, el primer hogar familiar. Habrá que dibujar, imprimir, fotocopiar, escribir y distribuirse las tareas para ello.
El mapa del tesoro
Con todo este material y elegido el soporte (papel, cartulina, cuaderno) y reproducidas las imágenes o realizadas a mano, se puede escoger un eje central (una foto de ambos en el momento más antiguo, como cuando el niño nació y el padre lo cargó en esos días, por ejemplo) y comenzar a ramificar las historias según temas variados.
Y aquí viene de nuevo a colación la orden reinventada de “lápiz, papel y tijera”, para recortar las fotos y recuerdos, recetas, frases y secretos y comenzar a pegarlas en este valioso mapa, que se complementará con dibujos o escritos directos y por qué no, de fondo, si el resultado será digital, incluir una música que les guste a ambos y que convoque a esta fiesta familiar.
De seguro, no solo será un domingo inolvidable sino que permanecerá en la memoria para siempre y será un legado para los que vendrán en la familia, que podrán así tocar con sus manos parte de su historia.
Salgamos a la calle, abramos el cuaderno y dejemos que la ciudad nos dicte su próxima historia.
