El arte terapéutico de los mandalas

     Aunque hoy identificado con prácticas actuales de arteterapia, relajación y hasta para mejorar el rendimiento laboral por la reducción del estrés, los mandalas (círculo en sánscrito) tienen una gran antigüedad que los sitúa entre los años 1.500 a 550 a.C, cuando aparecieron en el Rig Veda, un texto sagrado hindú, para luego pasar a la cultura budista y hoy estar en nuestras vidas como un llamado a la conciencia interna.


      Tomar un lápiz, creyón, marcador, más un papel y trazar un círculo a mano alzada puede ser el comienzo de un camino hacia el autoconocimiento, ya que como nos recuerda Alejandra Colina, licenciada en Educación, artista plástico, coach PNL y arte-terapeuta con mandalas, fue Carl Gustav Jung, psicólogo y psiquiatra suizo, figura clave en los inicios del psicoanálisis, quien

«Basado en sus prácticas e investigaciones, los identificó como símbolos del 'Si mismo', es decir, un núcleo que representa a la persona que lo crea»


«El mandala, según Jung, surge cuando la psique necesita reorganizarse, aportando estructura frente al caos. Pero no solamente esto, sino que este proceso personal ayuda a la autoconciencia al reflejar estados internos que emanan y se expresan a través del color, la forma y la composición para darnos referencias de cómo se encuentra nuestro mundo interior; actúa como un puente entre nuestra parte inconsciente y nos ayuda a hacerlo consciente»


      Y si bien es muy revelador que cada persona inicie y realice su mandala por impulso propio, diversos estudios han demostrado que pintar uno impreso e incluso observar en calma estas figuras, producen resultados similares en varias de las esferas nombradas, porque

«Se activa un estado de concentración plena similar a la meditación activa o mindfulness. Al enfocarse en patrones repetitivos, en la selección a gusto del color o dejarse llevar por el proceso creativo, permitiendo que descanse la parte más racional del cerebro, favoreciendo así la calma de la mente»


      Más allá de la relajación


     En una sociedad cada vez más convulsa, en la que el estrés eleva los niveles de la hormona del cortisol y como respuesta se afecta el sistema inmune, se producen inflamaciones generalizadas en el organismo, la relajación es sin duda una acción que ayuda a la calidad de vida, pero la acción de realizar y dibujar mandalas va incluso más allá. 


    Indica la especialista que esta actividad favorece el desarrollo de la creatividad, de la expresión no verbal a través de formas y colores (expresión emocional simbólica), mejora la concentración y la capacidad de atención.  También favorece momentos de introspección y conexión con la intuición. Además de brindar la oportunidad de aumentar la paciencia, así como también favorecer la claridad mental  


      Y en caso de que se cuente con la orientación de un especialista en arteterapia, añade Alejandra Colina:

«Puede accederse a procesos de autoanálisis y autoconocimiento profundo, haciendo feed back para comprender aún mejor lo que se dibuja y cómo se dibuja, ya que esto tiende a revelar aspectos inconscientes del estado emocional y psicológico de la persona»

      Colores para sanar

      Culturalmente, se asocian los colores a ciertas emociones y por tanto se considera que el rojo está vinculado a la pasión, al fuego, a la energía de la sexualidad, mientras que el azul lleva a la calma, el verde a la salud, el lila a la espiritualidad y así otros ejemplos.

      Desde otras vertientes, también se asocian los colores a los chakras de la cultura hindú, de donde proviene la palabra mandala, como ya hemos señalado y en ella el rojo se identifica con el primer chakra (muladhara), que representa dinamismo y se asocia a la euforia, la exaltación y la vitalidad, por colocar solo un ejemplo. 

      Pero tal como señala Colina, quien no deja de reconocer el aporte de la teoría del color y cómo la elección de ellos influye en nuestras emociones, conductas y estados mentales, realmente el significado de cada tonalidad puede variar según la cultura en la que se estudie.

      Aclara que

«En arteterapia se busca priorizar el significado personal de cada color, tratando de no regirse por una interpretación fija, ya que cada persona puede proyectar vivencias únicas a través de su paleta. De igual manera, desde mi experiencia, según el tipo de trabajo terapéutico que se desee abordar en algún momento determinado, los colores pueden usarse de manera espontánea para justamente expresar y explorar o, por el contrario, el terapeuta puede sugerirle al cliente que coadyuve en su proceso particular»

«Adicionalmente al color, cabe destacarse que la técnica, el material (creyones de cera, de madera, acuarela, etc), el tipo del trazado, entre otros, son aspectos importantes a considerar durante las sesiones de arteterapia»

     En fin, esta disciplina profesional de la salud mental vinculada a los mandalas es una oportunidad de auto descubrirse libremente, sin las limitaciones que implica saber o no dibujar o colorear desde el punto de vista técnico. Es entregarse a trazos y colores, en una experiencia meditativa, que le puede llevar a la calma, la expresión creativa y el autoconocimiento de su interioridad. 

      Lic. Alejandra Colina


      @terracrescente

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