Lapices-mongol-mostrando-su-marca

La tecnología detrás de la calidad: un viaje al corazón del lápiz Mongol

     La producción de un lápiz Mongol, a pesar de parecer simple, involucra una serie de procesos complejos y precisos. A continuación, se detallan las principales etapas:

     Comencemos con la preparación de la mina. Se dice que la calidad de un lápiz se define, en gran medida, por su varilla interna, pues es el corazón del producto. La del Mongol, famosa por su suavidad y firmeza, es el resultado de un proceso de fabricación que combina tecnología y artesanía. Se caracteriza por ser blanda y deslizarse fácilmente sobre el papel, pero a la vez, es bastante resistente a las roturas, lo que garantiza una mayor duración del lápiz y evita que se rompa con facilidad.

     Básicamente, en su elaboración intervienen tres elementos: por una parte, una selección de grafito de alta pureza, molido finamente hasta obtener un polvo uniforme. En segundo lugar, la arcilla, encargada de suministrar la dureza deseada y finalmente el agua. Todos estos ingredientes se mezclan en proporciones precisas, dependiendo del grado de endurecimiento que se quiera obtener. Esto da lugar a rótulos como B, HB, B2, etc., en los cuales la letra H (Hard del inglés) indica que se está en presencia de una mina más dura y la B (Black del inglés) más oscura y suave, a las que se suman numeraciones para diferentes grados de dureza.

     Posteriormente, este compuesto se homogeniza, para asegurar una distribución uniforme de los componentes, y más adelante se somete a un proceso de extrusión, para formar hilos delgados de grafito que luego son sometidos a tratamientos térmicos adicionales, y así mejorar su resistencia y delicadeza. Este procedimiento elimina el agua y fortalece la estructura interna de la herramienta. Una vez secos, los hilos se cortan a la longitud deseada.

     Luego le toca el turno a la madera. Por lo general, se utilizan aquellas que son suaves y ligeras, como por ejemplo el cedro y el enebro, que son fáciles de trabajar, permiten una buena sujeción de la mina y garantizan la durabilidad del producto, así como un agarre cómodo.


     El siguiente paso es el corte en listones de un grosor específico, en donde se realizan ranuras paralelas para insertar las barritas; este proceso se llama acanalado.


     Luego continúan el minado y separado, que consisten en unir dos tablas con las minas en el centro, que se pegan bajo presión. Este conjunto se seca para asegurar una unión firme, de manera que los bloques se corten en lápices individuales.


     En las fases siguientes de pintado, calibrado y encasquillado, es cuando ya vemos aparecer la magia de la madera y el grafito, vuelta lápiz. Cada unidad se pinta con la característica pintura amarilla del Mongol y se imprime la marca comercial. Posteriormente se da paso al encasquillado, mediante el cual se coloca la goma de borrar en un extremo, protegiéndola con una pequeña pieza de metal.


     Finalmente, el séptimo escalón para cerrar todo el ciclo de elaboración, se denomina empaque, en el cual se disponen 12 unidades de lápices por cada caja de cartón, ya listas para su distribución.

     Aunque el proceso básico de fabricación de lápices ha permanecido relativamente constante a lo largo de los años, la industria ha introducido innovaciones, tales como: nuevas formulaciones de grafito, para obtener diferentes grados de dureza y colores; maderas sostenibles y ecológicas; y un diseño más ergonómico, para una mayor comodidad al escribir. Así pues, se puede afirmar que la fabricación del lápiz Mongol es un proceso que combina tradición y tecnología, dando como resultado un producto de alta calidad que ha acompañado a generaciones de estudiantes y trabajadores venezolanos por más de 100 años.

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